La pantomima ritual de Charlottesville

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Los hechos de hace pocos días en Charlottesville han hecho subir unos puntos más la ya, de por sí, situación pre-guerra civil que se vive en los Estados Unidos.

Como no, los medios de comunicación dieron amplia cobertura al evento o eventos que tuvieron lugar allí.

En teoría lo que ocurrió allí fue un nuevo enfrentamiento entre los dos bandos que existen en la vida de los Estados Unidos hoy en día: los nacionalistas y patriotas blancos contra los antifas y anti nacionalistas por otro lado, lo que no es sino los dos extremos más radicales de lo que son el partido demócrata y conservador.

Ataque Charlottesville
El Ku Klux Klan y Virginia están históricamente muy unidos/Foto de 1922 de una marcha en Virginia. Fuente: libería del Congreso de los Estados Unidos

Vamos, un enfrentamiento entre los dos pilares de libro.

Desde un punto de vista lógico, todo tiene sentido.

En un mundo que camina hacia la desintegración de las fronteras, las naciones y las razas, toda referencia a una guerra pasada que haga frente a dichos preceptos tiende a ser destruida.

En este caso se trató de una estatua del general confederado Robert E. Lee en Charlottesville.

Como es lógico, siendo un general confederado, y supuestamente partidario de la esclavitud, dicha estatua es considerada ofensiva y, por tanto, es menester ser derruida.

Y eso fue lo que ocurrió.

Como no podía ser de otra manera, miembros del otro pilar, el “blanco” se negaron a ello alegando que forma parte de la historia, etcétera.

Vamos, el mismo guion que seguimos en todo el mundo, ya sea en España con las referencias a Franco, en Chile a Pinochet o en los EEUU a Robert E. Lee.

La tendencia es clara: el futuro mundo sin fronteras solo puede permitir que se recuerde a dichos personajes en libros en los cuales son presentados como satanes o demonios.

Nada nuevo bajo el sol.

El ayuntamiento u otras organizaciones estatales y grupos de izquierda deciden que hay que derribar la estatua de Lee y los grupos de derechas deciden manifestarse para impedirlo.

Bien, con dicho guion el drama está garantizado.

El día de la manifestación pro-estatua llega y los grupos de “derechas” desfilan por la ciudad.

Esperándolos, los grupos de izquierda también se presentan y el resultado es obvio: disturbios y enfrentamientos graves.

Tan graves que al final hubo tres muertos y varios heridos.

En este caso de manera espectacular con un ataque terrorista por un nacionalista blanco contra un grupo de gente de izquierdas que incluso fue grabado por cámara en directo y que resulto en la muerte de una mujer y 19 heridos.

Es más, en las escenas de las peleas hay algunas que nos muestran como un nacionalista blanco carga contra un grupo “antifa” provocando una batalla campal.

Aquí el mensaje está claro: los malvados son los nacionalistas blancos, miembros del Ku Klux Klan, conservadores, cristianos blancos, etcétera.

Todo esto sigue una lógica supuestamente irrefutable, respaldada por imágenes de televisión y los medios de masas mundiales.

Bien, todo parece encajar pero en realidad hay un pequeño problema que rodea a todo el asunto y que lleva el tema a un punto que parece estar más allá de los límites de la locura.

¿Cuál es este problema?

Pues que la mayoría de escenas que hemos visto en televisión no son otra cosa que producciones muy similares a las películas de Hollywood, salvo que en este caso las mismas se presentan como “hechos consumados”.

Ahora veamos lo que verdaderamente paso en Charlottesville.

Falsa Bandera en Charlottesville

Antes de continuar, hay que tener en cuenta algo bastante importante, y es que mucho de lo que tuvo lugar en Charlottesville fue real, es decir verdadero o no fingido.

Por ejemplo, es verdad que una gran cantidad de conservadores y “nacionalistas blancos” se manifestaron a favor de mantener la estatua del general Lee.

Es verdad que muchos socialistas (liberals para los medios ingleses) fueron a Charlottesville y se manifestaron de manera real por el derribo de la estatua de Lee.

El quid de la cuestión radica en el proceso que envuelve a los medios de comunicación de masas y todo lo que enseñan como verdad no solo en sus imágenes de los enfrentamientos, sino también en buena parte del guion sobre lo ocurrido.

En este caso los directores de obra tenían claro cuál era el objetivo de esta película: vilipendiar al “pilar blanco”, al igual que en las películas de Europa últimamente se vilipendia mucho al “pilar negro”, representado por ISIS y los atentados terroristas.

Digamos que ambos casos son ejemplos de la aplicación del principio de división, aquel que envuelve aplicar el hacha (zayin) para sacar algo de ventaja del asunto, para el que lo aplica, claro.

El objetivo final de esto es destruir el pilar blanco cristiano por un lado y el pilar negro musulmán por otro.

Es decir, el resultado final de esto será algo que no es ni cristianismo ni islamismo, evidentemente.

Ambas religiones están programadas para “morir” a su debido tiempo, y esta trama no es sino parte de un guion mayor.

Pero vayamos de vuelta al tema de Charlottesville.

En primer lugar las peleas.

Bien, por seguro que hubo bastantes peleas, golpes o palizas reales, pero las mismas puedes estar seguro que no las viste por televisión, sino que, por lo contrario, fueron escondidas de los medios, por razones obvias.

Por no hablar de insultos y todo tipo de desfachateces.

Sin embargo, las peleas que aparecieron en la tele gozan de un punto en común: el carácter ridículo de las mismas.

Ridículo porque las imágenes prueban que estamos en presencia de una pantomima con golpes de mentira y una cantidad enorme de símbolos y de comportamientos extraños.

Si ves cualquiera de los videos más famosos de las peleas te darás cuenta de que los supuestos puñetazos entre los dos bandos son en realidad golpes simulados que en realidad evitaban el blanco de manera evidente.

Esto se puede ver mejor en cámara lenta, donde el carácter ridículo de la escena adquiere tintes grotescos.

Además de esos “golpes”, tenemos los casos de los personajes que pululan por medio de las escenas de supuesto pánico, tan tranquilos, casi como si estuvieran en un paseo de domingo por la calle, sin mucha preocupación, vamos.

Luego, tenemos el tema de los colores y los símbolos, con los “nacionalistas blancos” llevando simbología del Ku Klux Klan y escudos de “papel” con cruces en blanco y negro, que solo son superados en patetismo por otros escudos del lado opuesto en purpura, en lo que no es otra cosa que una representación pantomímica de lo que es el juego de los dos pilares por parte de los maestros de ceremonias.

Es decir, los dos grupos que salieron en los videos principales eran nada menos que amigos de escena, lo que en el mundo actual se conoce como actores.

Actores que son pagados por interpretar un teatro televisivo.

Otra manera de entender el carácter pintoresco de las peleas es darse cuenta de que en una pelea de verdad, en la que interviniesen hombres de verdad, por ejemplo milicianos y patriotas americanos contra verdaderos miembros de los antifa, el carácter de la pelea hubiera sido infinitamente más violento y agresivo.

Una pelea entre hombres de verdad no es así.

Por no hablar de las doscientas cámaras que había en las escenas, en las que había más gente sacando fotos y grabando que en los grupos manifestantes.

Y aun así, la pelea fue “iniciada” por los defensores de la bandera confederada, en frente de 1.000 cámaras, dándole un toque de no solo malvados, sino idiotas.

¿A quién se le ocurre lanzarse al ataque de manera tan ridícula cuando es grabado por medio mundo?

Es en detalles como ese donde vemos el carácter inverso del supuesto evento.

Con respecto al coche, estamos en una situación más complicada, pues la “calidad” de la puesta en escena es bastante mejor y más acabada, aunque no por ello no deja de tener más agujeros que un colador.

Cosas como que las luces del coche estaban en rojo, es decir, frenando, cuando se acercaba a la multitud, o la imposibilidad de que un coche pudiera romper un supuesto cordón de seguridad que cubría toda la zona, para lo cual tenemos la excusa de que “pensaron” que era un coche policía.

O como podemos ver innumerables zapatos en el suelo en la famosa foto con la “gente volando”, un buen trabajo digital.

El carácter ritual de los ataques de Charlottesville

Bien, como obra de carácter ritual, estamos hablando de unos eventos con marcada simbología como no podría ser de otra manera.

Siendo lo que realmente fueron, un ritual de los sacerdotes de la mentira, no pueden faltar innumerables referencias y guiños de su autoría, en la típica burla que siempre acompaña al Diablo.

Para empezar estaría bien recordar que hace 10 años hubo un tiroteo muy conocido en Virgnina Tech donde murieron 33 personas, incluido el “asesino”.

Para los que ya saben algo de la tendencia de los hechiceros de jugar con los números, 33 es un número sagrado en la cábala “Illuminati”, por llamarla de alguna manera.

Volviendo a los eventos de Charlottesville, podemos ver en las famosas escenas de las peleas en las calles numerosas referencias a banderas confederadas (azul y rojo), escudos para defensa que más bien parecían de cartón de color negro y blanco, y además simbología del Ku Klux Klan, por no hablar del purpura que tenían en sus escudos algunos de los miembros de Antifa.

Además, Robert E. Lee, el quid de la cuestión, también es 33 en numerología.

Bien, para todo conocedor de la simbología de los dos pilares, está claro que los grupos de actores estaban disfrazados y representando el juego en el tablero de Charlottesville, con la representación de los dos pilares “blanco y negro”, “rojo y azul” y “purpura” (resultante de la fusión de los dos últimos colores”), el color “final” de la obra.

La mera parafernalia de esos colores, escudos, banderas, la manera de llevarlos, etcétera, ya nos habla bastante claramente del carácter caricaturesco de dichos grupos.

Por ejemplo, el carácter bufonesco de Ku Klux Klan queda claro cuando de das cuenta que detrás de la fundación de dicho movimiento hubo hechiceros de la mentira, que ya desde el inicio dejaron su marca en forma de K, ya que dicha letra es la 11 del alfabeto, con lo que KKK, es 11, 11, 11, es decir 33. Por no decir que K es 2 en numerología caldea o pitagórica, siendo un 2, 2, 2, o sea 6 (3+3).

El ataque del coche nos mostro una serie de matriculas, como la GVF1111 del coche perpetrador del ataque, que en numerología sería un 21, es decir, un 3 (2+1) o un triple 7 (7+7+7=21) que hace referencia al poder del Zayin y de crear orden del caos.

El siguiente “guiño” viene cuando se muestra la matricula de uno de los coches implicados: GODKPME que además de ser un guiño obvio (God), es 33 en numerología caldea.

Como el vacile no acaba ahí, el coche de la supuesta madre del asesino, una mujer en silla de ruedas que casi ni se inmuta cuando la entrevistan en su casa horas después del atentado, tiene como matricula GVF1122 que en numerología es 23, lo que sería como un 33, o dos veces tres, o el segundo 3 (tras el primero, el del coche del atentado), es decir, mas guiños de los hechiceros.

En otro detalle grotesco de la producción, el atropello tuvo lugar en la calle Water St E, justo en la esquina donde hay una joyería llamada “Race Jewelers”, encima dándonos señales del aspecto relacionado con la “raza” de la pantomima.

Esto es algo que puedes comprobar si ves los videos del suceso donde la gente el accidente tuvo lugar en dicho sitio y se puede ver casi todo el rato un diamante de la tienda presidiendo el espectáculo.

Dicho diamante no es otra cosa que el 33 en numerología pitagórica (diamond = 33).

Por no decir que el numero que hay en la puerta de dicha joyería es el 321, es decir: 3 y 2+1, o sea, 33.

Y las señales cabalísticas no terminan ahí pues los dos policías que murieron en el accidente del helicóptero aparecen con los diamantes en sus sombreros, con un doble 33, como si de un maestro de ceremonias se tratase.

Por no hablar de que el número de muertos, 1 y heridos, 19, nos dan un 119, o sea un 911 invertido (11S, el famoso ritual de los pilares de la Nueva Era).

Los nombres de los policías: H Jay Cullen nos daría otro 33 en caldea (5, 1, 1, 1, 3, 6, 3, 3, 5, 5), y M. M. Bates nos daría 23, igual que antes, 2 treses, es decir, 33.

Y seguro que si continuamos analizando mas detalles encontramos muchas más cosas, pues en dichos rituales casi no hay detalle que se les escapa a los hechiceros.

Solo que como dice el refrán: “el diablo esta en los detalles”, y es que una vez te fijas en los mismos te das cuenta del carácter caricaturesco que tiene el asunto.

Conclusión.

Como vemos, la cantidad de guiños es bastante grande, por no decir de las inconsistencias y cosas poco plausibles que se dieron en estos eventos.

Si los eventos parecen raros es porque fueron orquestados, es decir, grabados en plan producción televisiva.

Hay mucha gente del entorno conservador en todo el mundo que piensa que dichos eventos están manipulados, que no nos cuentan la verdad de los mismos.

Por ejemplo, que el ataque del coche ocurrió pero no fue un ataque terrorista sino el hecho de alguien que iba en su coche y empezó a ser atacado, entró en pánico y chocó contra la multitud de antifas.

Bien, aquí es donde entra el carácter metafísico y verdaderamente maligno del asunto.

En realidad no hubo ningún ataque, sino un ritual simple y puramente satánico.

Un ritual que consiste en la representación teatral de una mentira, porque hay un detalle importante que a la gente se le escapa: que el verdadero carácter satánico del suceso, el verdadero placer para el Dios inverso en este caso es el hecho de la mentira metafísica esencial.

En este sentido, una mentira bien elaborada tiene más valor que una simple muerte por un ataque más.

Es decir, estamos hablando de comida metafísica o espiritual, algo difícil de entender para nosotros, claro está.

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