Tolkien y la simbología del anillo

La historia del Señor de los Anillos es muy sugerente. La mayoría de las personas que han leído esas obras o han visto las películas no pueden evitar sentirse atraídos por algo que va más allá de la obra. Es como si detrás de la misma subyaciera algo real, algo primigenio. Algo que forma parte de la verdadera y original historia de los orígenes de la humanidad.

Tolkien siempre dijo que sus trabajos no fueron ninguna alegoría a nada en particular.

Decía que dejaba al criterio del lector interpretar lo que quisiera en base a la vida y experiencias de cada uno. Tolkien no tenía porque mentir en esto.

Sin embargo, hay símbolos que forman parte de la psique humana que no se pueden obviar, y si bien es verdad que Tolkien no tuviera intención de que su obra tuviera un significado, la verdad es que al final lo ha tenido.

No se puede evitar, luego de que la obra tomara sus principales raíces de la misma mitología que sustenta las bases de nuestra cultura.

Tolkien mitología

Algunos pensamos que esa mitología es la verdadera historia, no la que nos cuentan en los libros oficiales.

Luego, es fácil prever, que la lectura de la obra de Tolkien nos evoque arquetipos ya olvidados pero que forman parte de nuestro subconsciente y nuestra genética.

Para un verdadero seguidor de Tolkien es indudable que el Sillmarillion ocupa un lugar central en su cosmogonía. Es cuando lees el Sillmarillion muchas veces (y para hacer esto hay que tener mucha paciencia y mucho amor por la obra), que van calando en ti algunas cosas.

Te das cuenta de que en cierto modo la obra es más real que la misma realidad.

En la obra Tolkien nos habla de cuatro edades en el mundo.

Quizá esta sea la única vez que la mayoría de las masas lean algo sobre dicho concepto en sus vidas.

Edades Tolkien

La mayoría desconoce las leyendas y mitos de todas las tradiciones del mundo.

Las cuatro edades de Tolkien coinciden con las cuatro edades de Hesiodo y Ovidio, las edades de las antiguas sagas nórdicas y de los yugas hindús.

Demasiadas coincidencias. Según todas esas tradiciones, que envuelven pueblos tan dispares como los griegos, germanos e hindús (quizá no tan dispares después de todo) la humanidad transitó por varias edades.

Todas las tradiciones coinciden que la humanidad recorre un descenso en todos los aspectos. Es decir que son visiones anti evolucionistas. La misma visión imprimió Tolkien a su obra. Él bebió de las mismas fuentes.

Tolkien inspiración

¿Cuál fue una de las mayores inspiraciones de Tolkien? pues sin duda su participación en la Primera Guerra Mundial.

Tolkien se alistó, al igual que la mayoría de sus amigos para la Gran Guerra. Buena parte de sus amigos murieron. En la misma, participó en la que fue una de las batallas más desgarradoras de la historia de la humanidad conocida: la batalla del Somme. En aquella batalla perecieron cientos de miles de hombres para no ganar ni un palmo de terreno. El primer día murieron más de 50.000 ingleses en una de las mayores carnicerías de la historia. Esa experiencia marcó de manera elemental a Tolkien.

Tan pronto como volvió de la batalla, empezó a escribir en el hospital su la base de su cosmogonía propia: El Sillmarillion.

Sin ningún tipo de duda mi obra favorita de Tolkien. Una obra para adultos y para un público muy minoritario. Es una obra desgarradora. A su lado, El Señor de Los Anillos lo veo como una obra para adolescentes y el Hobbit para niños, por decirlo de alguna manera.

Pues bien, al parecer el Somme fue uno de los puntos claves en la vida y obra de Tolkien. Hay quienes dicen que aquel lugar repleto de oscuridad, trincheras, humor, hedor a muerte y peligro constante fue el que inspiró el paisaje de Mordor y las tierras oscuras.

Tolkien detestó la destrucción de la individualidad de los individuos y su conversión en números de la maquinaria burocrática.

En aquella maquinaria que él pudo observar no había lugar para la personalidad propia ni el concepto de libertad.

La lucha por liberar al mundo de los señores oscuros que querían esclavizar a todos los seres de la tierra media fue la tesis central de su obra: la sempiterna lucha del bien contra el mal.

Creo que Tolkien tenía ante sus ojos a la verdadera cara del mal pero no supo verla con claridad o no supo nombrarla por su nombre sin más: aquella maquinaria no es otra cosa que el Estado. y este punto decisivo volveremos más adelante.

Tolkien, el antitotalitario

 Leyendo el Señor de los anillos parece bastante claro que el anillo único es una gran fuente de poder. Un poder que está fuera de los mortales y que corrompe completamente al que intenta usarlo. Quien intente usarlo será corrompido siempre y de manera irremediable.

El anillo puede hacer al portador invisible, pero al final acaba prisionero del anillo y su influjo demoniaco. Es una invisibilidad precaria. El precio a pagar a largo plazo es la entrega de la misma alma.

Sauron, en su momento un benevolente Maia fue corrompido por su maestro, el verdadero señor oscuro: Morgoth o Melkor. El deseo de Melkor era el de subygación, el dominio de la libre voluntad y el subyugar a todo ser bajo el terror de su poder. Todo en el era obligación y dominación. La libertad de elección no tenía sentido en su mundo. Su relevo lo cogió Sauron.

Parece claro, que la única entidad que puede aspirar a este dominio de la consciencia humana no es otra que el Estado.

Ni más ni menos; esa entidad a la que la mayoría de las personas adora de manera fanática sin darse cuenta.

Ese es el triunfo de Sauron: el triunfo de la estatolatría.

La creencia de las masas de que el Estado es la salvación, cuando la verdad no es sino todo lo contrario. Las masas sin darse cuenta, en su adoración por la filosofía estatalista, igualitaria y bienintencionada han vendido sus almas a la fuerza de la materia, al Sauron de Tolkien, al Demiurgo de Platón.

Es el triunfo de las fuerzas materialistas en el final del kaly yuga. Triunfo pasajero no obstante. Pues el mal, así como destruye el bien, al final acaba destruyéndose a sí mismo.

Tal es la naturaleza del Cosmos. No hay noche sin día. No se puede apreciar el bien si no hay mal.

¿Cómo puede existir la oscuridad si no sabemos que es la luz?

Es la Dualidad de la historia.

Wagner, el Oro y el Anillo de Tolkien

Muchos han acusado a Tolkien de sacar la idea del anillo único de la magnánima obra de Richard Wagner: El anillo de los Nibelungos. Tolkien como respuesta siempre dijo que la única semejanza era que ambos anillos eran redondos y poco más.

Aquí hay opiniones para todos los gustos. Sin embargo hay una que me atrae la atención: un artículo de Michael Corhaze en theoccidentalobserver.net . En él, llega a la conclusión de que el anillo y portador, por tanto, de todo el mal en el mundo no podía ser otra cosa que el oro.

El malvado metal, la reliquia bárbara tan odiada por Meynard Keynes, y cuya extirpación del Sistema Monetario Internacional, traería, según éste, la prosperidad eterna y la salvación a la humanidad.

Bien, esto no es otra cosa que una trampa de Sauron, Melkor o el Demiurgo, como lo queramos llamar.

Hacer creer que el verdadero mal reside en algo noble, incorruptible e “imperecedero” como el oro, y no en el hombre. La eterna búsqueda por un culpable externo a los pecados propios. Es aquí donde sobresale la simbología del anillo en su totalidad.

Los nacionalsocialistas piensan que teniendo el anillo en su poder podrán revertir el sortilegio del señor oscuro, pero se equivocan, al igual que se equivocó Saruman.

El anillo no es otra cosa que El Estado. No se puede vencer su fuerza autodestructiva. Es una fuerza que avanza de manera tan firme como lo hacía La Nada en la Historia Interminable. No se puede luchar contra ella al igual que no se puede luchar contra la llegada de la noche. Forma parte del cosmos y del destino.

Tolkien y los nibelungos

En la obra de Wagner el oro yace en las aguas del Rhin. Tal oro es guardado por unas sirenas.

Un día un Nibelungo (enano oscuro) va al río, intenta seducir a las sirenas y les pregunta por el oro. Éstas le advierten que si hace un anillo con el mismo, podrá dominar el mundo, pero le advierten: si lo hace tendrá que renunciar al poder del amor.

¿Entonces, no parece claro que es el oro el causante de todo el mal en el mundo?

Las cosas no son tan sencillas. No es el oro el corrupto.

El oro es una materia inerte, al igual que la plata o el platino. Únicamente, el oro es la materia más óptima como dinero privado. En la actualidad, el dinero es el dinero del Estado (todo controlado por el anillo, el cuál puede hacerlo desaparecer con una sola orden; el oro no puede desaparecer así como así, por eso es tan odiado por Sauron).

Para entender su uso hay que entender la ciencia economica en su forma más pura: la praxeología.

El oro existió en la Edad de Oro (que esta se llame así no es casualidad), en la de Plata, en la de Bronce y en la de Hierro, y existirá luego de esta última y así una y otra vez hasta el fin de los tiempos.

Lo que no entienden los nacionalsocialistas, muchos menos los internacional socialistas (comunistas) es que es no es el oro el corrupto, sino el hombre. Éste se corrompe cuando alcanza las riquezas, pero tales no es el oro per se, sino la conquista del bienestar material en procesos de tipo económico-histórico muy complejos de explicar donde la sociología y la psicología de masas juegan un papel crucial.

Tolkien oro

Es curioso, que el oro es el dinero por excelencia en toda la historia antes de la consecución del bienestar material (Revolución Industrial y Capitalismo). Sin embargo, el oro pierde el favor de las masas cuando nos adentramos en los momentos crepusculares de la Edad de Hierro. La mayoría de las familias de los pueblos de Occidente no poseen ni un gramo de oro como forma de ahorro. Lo ridiculizan como algo del pasado.

En esta época de idolatría por El Estado no es el oro el que se ha corrompido; es el hombre.

El Sistema Monetario está ya incluso desanclado del oro, para regocijo del Señor Oscuro. Y no obstante, los enemigos naturales de Sauron; los elfos restantes, los herederos de Númenor y demás criaturas del bien, piensan que es el oro el que corrompe.

No puedes vencer a Sauron (el Socialismo) con Socialismo.

Aunque inicialmente lo venzas, el carácter que subyace en la Edad actual es el mismo: la ideología igualitaria. Y al final, tal carácter volverá a traer la ruina. Aunque tal ruina es inevitable.

No se puede luchar contra la fuerza gravitatoria del destino. Los antiguos lo sabían y los más acérrimos tradicionalistas de la modernidad como Evola también.

One Ring to rule them all, One Ring to find them,
One Ring to bring them all
and in the Darkness bind them

La característica suprema del anillo era la de subyugar y poder encontrar a todos sus poseedores y poder atraerlos para así atarlos a todos bajo un poder único. Ese poder, al que se dirige el mundo irremediablemente, es el Nuevo Orden Mundial. Bajo ese súper estado no habría ya diferencia entre las naciones.

La ideología igualitaria controlaría totalmente a las masas del mundo. El mesías no sería alguien humano sino un ente mucho más siniestro: El Estado. La propiedad privada sería abolida. Toda persona sería provista de una casa, comida y lo necesario para vivir acorde a sus necesidades. Todo esto sería realizado por una burocracia supuestamente infalible e incorrupta. Ante esta situación, una total obediencia sería el resultado. Obediencia al Estado. Sería el mundo soñado por Sauron. Todos los humanos mezclados en una masa uniforme con casas iguales, ropa igual, pensamiento único, subyugados en espíritu y alma a su poder. Observados por el señor de la materia. Sin posibilidad de escapar. Ese será el resultado de la filosofía igualitaria y su retoño: la democracia; el caballo de Troya de Sauron.

Curiosamente, será la persecución por el ideal democrático la que llevará a las masas a abrazar al señor oscuro.

Así es la fuerza de atracción del anillo único.

No hay forma de escapar. El problema es que cuando esto se lleve a cabo, la misma fuerza autodestructiva que lleva, hará que todo el edificio se caiga como un castillo de naipes.

Hasta ese momento, como diría Evola…cabalgar el tigre.

 

Apéndice.

Internet, El Estado y el Anillo.

 

En todo este hay algo que me viene a la cabeza de manera intuitiva. Y es el famoso Internet y sus derivados como el whatsapp. Me viene a la cabeza porque se asemeja bastante a lo que podría ser el anillo único.

En estos momentos finales de la era democrática hemos alcanzado grandes cotas de satisfacción material en Occidente. Una de esas cotas alcanzadas es el masivo uso de Internet y todo tipo de redes sociales. Hasta tal punto que se ha convertido en indispensable, y más lo será conforme avance el tiempo y los ancianos, aquellos que no usan el internet, sean sustituidos por nuevos usuarios jóvenes que se incorporan al mundo de la triple W cada día. Hasta que un día no muy lejano, la sociedad en su totalidad use este tipo de medios para casi todo.

Hasta ahí bien.

Todo parece andar sobre ruedas.

Estas herramientas aumentan nuetro confort. Estupendo.

Pero como todo, tiene su lado oscuro. De hecho es más de uno.

El primero y obvio, es la capacidad de enganche que tienen muchas de las actividades que se encuentran en la red. La primera que me viene es el porno. En el uso del porno masivo por internet, podemos ser, al igual que Frodo y Gollum, totalmente invisibles; nadie nos ve. Disfrutamos de lo que queramos ver, sin límite de género ni tiempo. Lo que ocurre es que esto es adictivo y a la larga causa problemas en el cerebro. Al igual que otras actividades, como las apuestas de cualquier tipo, o incluso actividades banales como puede ser el chat continuo e insulso (actividad que profesan los jóvenes de manera desaforada con el whatsapp) que son en su mayor parte una pérdida de tiempo terrible. En todo este mundo cibernético, hijo de la materia, somos total y absolutamente invisibles. Podemos hacernos pasar por otras personas, podemos escondernos de la masa. Nos sentimos como peces en el agua. Gusta mucho.

El problema principal de este matrix que es Internet es que una vez aceptado por todos aunque en apariencia seamos invisibles, ya no lo seremos nunca más. Estaremos más controlados que nunca. Puede parecer por ahora que esto no es posible, que Sauron no nos pueda controlar en este mundo donde la libertad parece la nota que rima con más fuerza. Pero nada más lejos de la realidad.

El mundo se dirige a una catástrofe monetaria.

El colapso del Sistema Monetario Internacional aparece en el horizonte cada día más cercano. Las masas en su mayoría son ajenas a esto.

Todos piensan que seguirán los días de rosas y vino y que seguirán las vacaciones en las playas del Caribe. Esto no será así.

En cuanto llegue dicho colapso, el mundo entrará en una convulsión nunca vista. Ante tal evento lo más probable es que las fuerzas que componen al incipiente NWO: la ONU, el FMI, la UE, los EEUU, la banca internacional y las grandes multinacionales; intenten instaurar un nuevo sistema mundial. Un sistema que como consecuencia del colapso verá incrementado el tamaño y poder de los estados de manera dramática.

Lo que se intentará será una especie de coalición internacional de estados semicomunistas donde evidentemente la propiedad privada será abolida en su mayor parte (salvo la de algunas multinacionales).

En ese escenario, los Estados asumirán el poder de vigilancia y monitorización extrema y el Internet será uno de sus objetivos. Toda lo que se escriba y publique será analizado escrupulosamente y no podrá salirse de un guión. Algo así como en la actual Corea de Norte, donde no se escribe en internet una opinión negativa del gobierno so pena de muerte.

En ese momento, las actuales actividades de espionaje de la NSA serán un juego de niños al lado. De hecho dichas actividades de espionaje son una prueba de cara al futuro. Todos, seremos monitorizados. Una buena parte de los ciudadanos seremos identificados como no aptos para el sistema y nuestra opinión será borrada, por decirlo así. Cuando llegue tal momento, será hora de o bien retirarse a algún bastión donde todavía impere algo de libertad o de simplemente retirarse de la escena pública de la red.

Renunciar al anillo de la WWW hasta el colapso final.

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