Dioses y Titanes. Una reflexión personal

La era de los Titanes y el Capitalismo

La palabra denota algo con una gran fuerza y poder. Es un término al que se le pueden buscar muchas lecturas dependiendo de la visión de las cosas que se tenga.

Desde un punto de vista mitológico, los Titanes era el nombre de los dioses griegos de primera generación, hijos de Cronos y Gea. Luego estos serían usurpados por uno de los hijos de Cronos, Zeus, representante de los dioses; acabando los primeros en los confines del Hades: el Tártaro.

También hay muchas interpretaciones sobre la cuestión de quienes fueron primero, si dioses o titanes, o si Cronos era realmente un titán.

Pero lo que a mí me interesa es otra visión simbólica; una visión que presenta a los titanes y los dioses como diferentes fuerzas polares que interactúan en un devenir eterno.

Titanes etimología

La palabra proviene del latín Titán, y esta a su vez del griego, Titanes.

Según Hesiodo, este nombre provenía del vocablo griego titaínontas, que quería decir: “aquellos que extienden demasiado los brazos”. Esto lo podemos entender como aquellos que intentan abarcar demasiado o se van a los extremos en su deseo de poder ilimitado, como más o menos diría Nietzsche.

El problema, pues, de la visión titánica del mundo es que su propio deseo de sobre extenderse, y de alcanzar siempre los extremos, es la misma causa de su caída.

Pues lo titánico vive en una carrera desaforada hacia el extremo, en la que no hay la más mínima concepción de equilibrio. Su reinado precede y sucede eternamente al de los dioses, que son los defensores de la estabilidad y el equilibrio.

Toda esta relación de balance, ruptura del mismo o falta del sentido de la mesura, tiene que ver con los principios de materia y espíritu, la eterna lucha del caos y el orden, y como más me gusta verlo a mí, como la relación simbiótica entre propiedad pública y propiedad privada. Siendo la primera, el génesis del caos y la segunda del orden.

 

 

La misma inestabilidad de lo titánico hace que los “reinados” de este tipo no sean demasiado duraderos.

La estabilidad hay que buscarla en el reinado de los dioses y su cumplimiento de la estabilidad cósmica.

El problema de esto radica que dicha estabilidad acabará por crear las condiciones futuras para un resurgimiento de los titanes, lo mismo que varios siglos de Edad Media, crearon las condiciones para el surgimiento del Capitalismo (materialismo exacerbado) y de su caballo de Troya: el igualitarismo radical.

Los hermanos Jünger y la terminología titánica.

Dos de los mayores estudiosos de la dualidad titanes dioses en la realidad universal son Ernst Jünger y su hermano Friedrich Georg, el cual escribió un libro, The Titans, que al parecer de momento solo está en alemán. Según Ernst, nos encontramos en la era de los titanes.

La última era titánica (1), fue la de la Roma Imperial; la cual sin ser un capitalismo salvaje como el actual sí tuvo un fondo similar a la civilización actual, con su extrema burocratización y avance del Estado Público; su excesivo “refinamiento” civilizador; su incipiente feminismo; el avance del multiculturalismo y la completa regresión de la aristocracia de los patricios; la necesidad constante de expansión para mantener el nivel de vida cada vez más caro de la decadente sociedad romana; etcétera.

El Imperio Romano terminó como terminará el Imperio Americano (europeo), con un tamaño descomunal del aparato público.

Ese es el veneno que el esfuerzo titánico crea en su búsqueda de dominar la materia.

Titanes dioses y semidioses

Actualmente llevamos más de dos siglos adentrándonos en los dominios de lo titánico a marchas forzadas y en una forma creciente, que ha alcanzado la forma exponencial en las últimas décadas. El tope no puede estar muy lejos, si no ha sido alcanzado ya.

Lo que nos queda por delante es la manifestación suprema de la era de los titanes en el drama final del caos económico y social que se va a experimentar como consecuencia de la adopción total del sistema público de los medios de producción.

Esto no tiene nada que ver, por supuesto, con la gestión que se realizaba anteriormente, la cuál era desde el principio de propiedad privada.

Esto, es difícil de entender, no solo para los socialistas de nuestra era, sino también para aquellos que se consideran liberales, los cuales no ven que la propiedad privada real no se circunscribe solo a las posesiones materiales del “aquí y ahora”.

De hecho, el abandono de los conceptos metafísicos y espirituales de la propiedad y el abrazo al “aquí y ahora” nos ha llevado al camino oscuro, el de los titanes y su elemento primordial: la materia.

Avance tecnológico y el deterioro del hombre

El punto de partida de la era titánica actual tuvo lugar en el despegue de la Revolución Industrial que trajo consigo, el nacimiento del Capitalismo y también del socialismo radical.

La época previa se había caracterizado por una gran estabilidad económica y social.

La población se mantuvo casi constante, y el daño causado al medioambiente era escaso o  nulo en términos generales.

El hombre gestionaba La Tierra de manera balanceada.

Los reyes eran responsables de la buena gestión de la justicia y de la seguridad.

La selección natural regía los designios de la sociedad.

No había cabida para las veleidades ni plagas de obesidad.

La vida era dura, sí, pero justa.

Aquellos que no ahorraban, o que cometían delitos, o que se dedicaban a actividades de consumo de capital, no eran recompensados.

No había derecho público, salvo en un aspecto muy residual, que en realidad no lo era; pues los que aspiraban al funcionariado de la región bajo dominio del aristócrata o rey, estaban empleados por el mismo, en condiciones de “derecho privado”.

Felicidad espiritual

La búsqueda de la felicidad había que buscarla pues en temas más espirituales y no en la compra compulsiva de Iphones, o estar todo el día publicando públicamente las fotos de la última cena en el restaurante de moda. Pero todo tiene un fin.

Un orden de propiedad privada acaba produciendo una mejora del producto de manera ineludible.

Esto es una ley que es tan cierta como la que dice que la propiedad pública de los medios de producción es manifiestamente ineficiente.

Es por ello, que tras siglos con esa premisa del orden social, se produzcan mejoras en las condiciones de los diferentes sustratos de la sociedad.

Mejoras en el campo de las condiciones materiales por supuesto.

Eso acarrea un problema que es insoslayable, y es la atrofia de los órganos y capacidades del hombre, principalmente las sutiles y eventualmente todas.

Esto es algo, que al igual que la mano invisible del mercado, no se ve.

El hombre crea un adelanto tecnológico y los sociólogos y economistas ven un incremento de la producción, del PIB per cápita y de la capacidad de consumo de esa sociedad, pero lo que no ven es que ese adelanto tecnológico también va a traer una merma en alguna capacidad fisiológica.

Esto es más o menos lo que nos ha llevado de ser unos atletas increíbles, con unas capacidades sensoriales, de memoria y rastreo incomparables, a unos seres obesos, enfermizos y enganchados a actividades que en el fondo no tienen la más mínima trascendencia en la vida humana.

Era de la confortabilidad y la caída espiritual

Esto es lo que toca por vivir en la era de la confortabilidad.

El problema no sería tal, si solo nos quedáramos en esos problemas que produce la producción moderna basada en el hierro –de ahí que estemos en el kaly yuga- sino que este problema se acentúa por el hecho de que se abandona el sistema de propiedad privada de los medios de producción por la adopción de un sistema público, en un proceso lento pero sin pausa.

Tecnología desmesurada, incremento de la población, ruptura del orden jerárquico y socialismo vienen mano de mano, y por ello todas estas cuestiones pertenecen a la esfera de lo titánico.

Después de todo, la prohibición de las antiguas tradiciones por usar mejoras tecnológicas tenía un sentido profundo.

Esa prohibición viene desde una ley absoluta de carácter aristocrático (y por tanto privado) primordial y primigenia.

Los antiguos líderes naturales de la sociedad sabían lo que ocurriría en caso de producirse ciertas mejoras en la tecnología de producción de productos materiales.

Por tanto erigieron dichas creencias desde un punto de vista religioso, de que ciertas cosas eran nocivas, y no sin razón.

Ellos sabían que cuando las condiciones estuvieran presentes no sería imposible parar la embestida del materialismo atroz y desatar los secretos de la violación profana de las fuerzas telúricas de la tierra.

Ello conllevaría un crecimiento de la población y una sensación de euforia, en medio de grandes avances en seguridad y confortabilidad; pero también traería consigo la destrucción de la naturaleza, la búsqueda del “crecimiento” económico eterno, el hedonismo, y el socialismo.

El suicidio de la sociedad

La euforia inicial se convierte en una especie de suicidio final.

Las masas hoy en día son tan socialistas no ven sino capitalismo salvaje donde otros vemos un estado casi totalitario de propiedad pública y una carrera al abismo a una velocidad creciente.

Si algún día existió algún Rey de la Justicia en el mundo, estoy seguro que este intentaría evitar por todos los medios que las masas desencadenaran las fuerzas de la naturaleza como se ha hecho.

No querría ver como los verdes prados, bosques y animales de la tierra sufrirían por una sociedad banal.

La gestión económica y social de los antiguos, al ser desde un punto de vista privado, era la más eficiente. Nunca buscaba acabar con un bosque o con un río.

El bosque tenía “dueño”; pues era del uso de alguna tribu o grupo. Ese grupo sabía que no podía permitirse perder ese bosque pues era su lugar de descanso en el verano, a buen refugio del sol. Por eso el esfuerzo iba encaminado a tratar al mismo con una veneración casi religiosa.

Si algún animal resultaba muerto por una cacería, se procuraba no romper el equilibrio con la naturaleza.

Todo lo que se quitaba a la naturaleza había de ser repuesto. Así es como cuidamos de nuestra propiedad. Todo el mundo, mejor que peor, cuida con esmero de su coche, de su casa, de su ropa, de su barba, es decir de lo que es suyo.

Por el contrario cuando algo pertenece a tres, cuatro o infinitas personas a la vez, y dicha posesión es de forma igualitaria, la gestión de un elemento se vuelve caótica. Y si ¿qué ocurriría si ponemos nuestro coche a nombre de mil personas más? ¿Cómo se gestiona esto de manera eficiente?

Optimismo y decadencia

Al producirse tal sensación de seguridad y confortabilidad, la gente abraza los ideales “optimistas” y caen presa de las garras altruistas. Así mismo como se vuelven defensores de lo suyo, ven tanta propiedad a su alrededor que no pueden evitar caer en las manos de la diosa envidia.

Por eso dicho altruismo es un altruismo falso y de bandera.

Su búsqueda del bien requiere del ejercicio de la política y de arrebatar a unos para darles a otros.

El altruismo verdadero es aquel que sale de uno mismo cuando decide ayudar a otro ser por propia cuenta, sin necesidad de esclavizar a otros.

Altruismo titánico

El altruismo titánico es un producto del ego más oscuro; aquel que busca el poder por todos los medios y que mediante el uso de los elementos pasionales como la envidia, da rienda suelta al ideal político democrático y a la falsa ilusión de que todos somos iguales; cuando no hay dos seres iguales, ni siquiera entre una misma familia.

En su defensa de la diversidad, lo único que buscan es la uniformización de la masa en un potingue sin forma y con un único color.

Por eso me hace gracia cuando muchos dicen defender la diversidad, cuando lo que buscan es la mezcla total y por tanto, la no diversidad.

Era titánica

La era titánica se caracteriza, como ya hemos dicho, por una búsqueda fanática por lo extremo.

Es patético ver como las democracias actuales creen en la noción de un crecimiento eterno.

Es curioso como unas sociedades que se hacen llamar avanzadas crean en el eterno crecimiento, y lo mejor de todo, endeudándose a mayores niveles cada año.

Algo no cuadra

¿También será eterno el crecimiento de la deuda?

Pero algo pasa con el mismo concepto de extremo. Cuando uno alcanza el extremo, no puede ir más lejos.

La sociedad actual piensa que ese extremo, simbolizado en el Estado del Bienestar total que muchos sueñan,  se está a punto de alcanzar o se ha alcanzado ya, después de miles de años de evolución.

Supongo que en los sueños de crecimiento extremo está el hecho de salir al espacio y proseguir la aventura del crecimiento lineal eterno.

El sueño por alcanzar lo extremo, el mundo donde no se acaban las guerras, el desempleo no existe, todo el mundo tiene una vivienda, coche, Iphone, vacaciones pagadas, es el mundo soñado por los adalides del Estado del Bienestar. No ven límite al crecimiento del mismo.

Es la misma ideología keynesiana y socialista en su máxima expresión: no hay límite.

El Estado es todopoderoso y ha de mantener la demanda a toda costa. La FED es el dios de la economía y como tal proveerá a la sociedad de crecimiento ad eternum.

No cabe la posibilidad de que pueda haber un ajuste, o un periodo de austeridad. Sus principios, y los de la sociedad, son: la austeridad es mala.

La sociedad sin darse cuenta también ha abrazado el concepto del crecimiento eterno.

Todo el mundo acepta que la austeridad es mala; por lo tanto deduzco que lo bueno será el despilfarro.

Bueno, afortunadamente el mundo está hecho de tal manera que las acciones tienen consecuencias.

No se puede pretender crecer eternamente, volverte socialista y que dicho deseo se cumpla.

Tarde o temprano llega el momento en el que la fuerza motriz del crecimiento se agota; y que la fuerza motriz del socialismo se mueve a tal potencia, que un final catastrófico es el resultado.

A partir de ahí, los titanes (la civilización europea actual) se volverán locos y ante mayores caídas del “crecimiento” intentará abrazar más aún al socialismo, con la esperanza de que esa es la salvación.

Dichos pasos son justo los necesarios para que el último suspiro de la era titánica llegue a su fin.

 

(1)   Hay que constar que estamos hablando desde un punto de vista europeo de la humanidad.

Pd. Un artículo interesante en inglés sobre el tema de los titanes se puede encontrar aquí.