Star Wars y la democracia galáctica

Así muere la democracia, con un estruendoso aplauso

Padme Amidala. La venganza de los Sith

El tema central de la segunda trilogía de la saga Star Wars es la destrucción de la democracia y el ascenso de la tiranía imperial sobre la República galáctica (clara alusión a los EE.UU. y su República parlamentaria original).

La saga comienza con La amenaza fantasma, en la que se plantea un incipiente conflicto civil en el que la Federación de comercio forma parte de las fuerzas subversivas que pretenden destruir la República, y por tanto la democracia.

Así muere la democracia

Las siguientes películas tienen como protagonista principal a Anakin Skywalker y el complot urdido por el Canciller Palpatine –una especie de líder del senado- para instaurar el imperio.

Hasta aquí todo bien. Como amante del género fantástico he de decir que son películas que disfruto viendo, pero siendo consciente de que las mismas están embriagadas de la mentalidad moderna y su dios sagrado: la igualdad.

No obstante, la saga nos deja algún resquicio tradicional en forma de la casta guerrera (kshatriya) y su carácter religioso, aunque ello sea disfrazado de una visión de corte panteísta, considerándose la fuerza como ese elemento fundamental que es responsable del Universo y que se encuentra en cada rincón del mismo; y de esta manera volvemos a caer en la trampa de la visión de la Nueva Era moderna.

En la saga no vamos a ver alusiones a dioses o religiones de ningún tipo.

Lo único que se nos enseña es la visión de una galaxia atea en la cual todas las razas son conscientes de la existencia de la Fuerza, y de que la misma solo puede ser manejada por unos elegidos, que vendrían a ser esa casta guerrera, y a la vez sacerdotal (Brahman).

En ese sentido la galaxia es una sociedad plenamente materialista y demócrata en la que el mal viene representado por el lado tenebroso de la Fuerza, el cual viene provocado por el miedo, la ira y el odio.

Hay una nota curiosa que se presenta en la nueva saga nada más comenzar, y es el carácter malvado de la Federación de Comercio, a la cual se presenta como el verdadero eje del mal.

Dicha nota puede o no tener un simbolismo accidental, aunque más bien me inclino a pensar que hay en ello un mensaje oculto en el que se nos da a entender sibilinamente de que el mal que aqueja a la democracia y la República es el comercio.

Ya de entrada se pone al comercio, y por tanto a la noción de propiedad privada, como el mal que hay que combatir, pues ¿quién sino el malvado comercio es el responsable de la crisis galáctica? Y quien dice comercio dice propiedad privada; y quien dice propiedad privada dice libertad.

De todos modos esto es en plena consonancia con el clima ideológico de la época. Si en vez de la Federación de Comercio, fuera la Federación de Trabajadores Galácticos la responsable del bloqueo a Naboo y de la crisis galáctica, habría un rechazo taxativo por parte de las masas de espectadores. En este sentido tampoco se puede reprochar mucho al film. Se hace lo que las masas quieren ver y más aceptan.

El caso es que, siendo la Federación de Comercio la responsable, no causa mucho rechazo; a lo más, una minoría (con suerte) de individuos se pregunta lo mismo que yo me pregunto. En cambio si el caso fuera el otro que expuse, tendríamos a una masa enorme de espectadores que pondrían el grito en el cielo y que pedirían la cabeza del director al ministro  (o comisario) de cultura pertinente.

La saga nos muestra de inmediato que la democracia galáctica se enfrenta a un grave problema de escisión. Vamos a analizar el problema de la escisión y el derecho de secesión planetario, que en el caso no es sino una extensión del derecho de secesión nacional, regional o local hasta llegar al individuo.

Democracia galáctica

Tenemos a una democracia galáctica que pasa graves problemas de corrupción y, sospechamos, que una grave crisis económica – o quizá debido a los nuevos avances de la nueva era la economía no importa nunca más- y a una serie de sistemas y planetas que quieren la secesión, y la independencia de la República. Como es lógico, esta no está dispuesta a aceptar dicha secesión y los Jedis, como garantes de la estabilidad imperial, se ocuparán de evitar que ello suceda, pero ¿cómo defender la democracia y al mismo tiempo negarla?

La República acepta una democracia galáctica inamovible, pero no acepta que un planeta elija de manera democrática salirse de la misma.

¿No hay en ello una contradicción?

Si se apoya la democracia ha de hacerse hasta las últimas consecuencias, y si no se estará en una incoherencia permanente.

Así mismo pensemos en algunos casos que se puedan dar al respecto.

Pongamos que tenemos un planeta A con cinco mil millones de habitantes y otro planeta B con cincuenta millones. Los ciudadanos del planeta B son de una raza diferente a los del A y producen 100 veces más del producto X per cápita. ¿Cómo hacemos una democracia aquí? ¿Le damos al planeta A 100 veces más de votos que al B o les damos a los dos un voto por el mero hecho de ser un planeta? Según la democracia pura, se debería dar el primer caso.

El planeta A tendría cien veces más votos que el B. El resultado de unas elecciones sería obvio: el planeta A presentaría un partido nacionalista planetario y de acuerdo al principio de igualdad y solidaridad interestelar pediría una transferencia de rentas del B al A. Si los ciudadanos del planeta B rechazan tal resultado serán tachados de fascistas, anti demócratas, egoístas, capitalistas, o cosas peores.

Si esto es difícil de administrar ya para dos planetas imaginemos como sería para una república galáctica compuesta por miles de planetas habitados.

Democracia y justicia

La democracia, de llevarse a cabo de manera plena resultaría en una “justicia” (planetas A) para unos y en una terrible injusticia para otros (planetas B).

¿Y es este el sistema más noble que existe?

Pues lo mismo ocurre a escala planetaria y en nuestro pequeño y apreciado planeta Tierra.

Debido a la imposibilidad de instaurar una democracia total en nuestro mundo –al menos en las condiciones actuales- la solución adoptada por la élite mundial, y por las masas que la apoyan, es la de ir armonizando los pueblos de la Tierra mediante la inmigración masiva en los países avanzados, para que así construir una raza lo más homogénea posible en el futuro y así derribar las últimas barreras para una democracia mundial, pues ya hemos visto que el intentar realizar una democracia total en semejantes condiciones de desigualdad evidente, es imposible.

Simplemente imaginar el intentar una democracia conjunta entre Singapur y la India.

¿Qué opinaría Singapur de ello?

Es evidente que dicha unión solo podría llegar mediante subyugar a Singapur a punta de pistola. Sería justo para una mayoría de hindús, si podemos llamar al robo masivo el más alto grado de justicia, y sería una terrible injusticia para los ciudadanos de Singapur.

¿Democracia mundial?

La democracia mundial es imposible en las condiciones actuales.

Lo que sí es posible es una tiranía totalitaria. De la misma manera, las fuerzas de la subversión llevan mucho tiempo trabajando en nuestro mundo, de manera no muy diferente a Palpatine y los Sith.

¿Por qué resulta que el sistema más justo y noble del mundo, es decir la democracia, cause tanta corrupción como para que una serie de sistemas se quiera independizar?

La respuesta es obvia, y es que la democracia no funciona a largo plazo, y solo es posible en un periodo de tiempo que son pequeños en los grandes ciclos de las civilizaciones.

A toda democracia le sigue un colapso económico, moral y político. Eso mismo le ocurrió a la República galáctica.

En la película no se nos cuentan problemas de hiperinflaciones planetarias y ese tipo de cosas, pero solo hay que ver el aspecto de la capital galáctica, Coruscant, la cual es una ciudad planeta, para darse cuenta de que dicha civilización se ha convertido en un monstruo, hasta el punto de haber destruido un planeta entero para edificar una ciudad aberrante.

A pesar de esta crítica sobre el pretendido modelo democrático galáctico de la saga, hay detalles que son dignos de admirar, y uno de ellos es el aspecto ascético guerrero de los Jedis, los cuales son dibujados como una casta guerrera desinteresada y poco dados a lujos y excentricidades, siendo una especie de samuráis galácticos.

Los mismos simplemente se remiten a cumplir la parte que les corresponde según su función, y es la de defender el sistema y el orden impuesto, siendo el núcleo de iniciados que luchan contra las fuerzas de la subversión –a pesar de que la democracia es la que crea la subversión de manera entrópica- y que no dudan en sacrificarse hasta el último hombre en defensa del orden galáctico; y en este sentido tienen razón, pues saben, al igual que Platón, Aristóteles, y muchos otros, que el día que muera la democracia viene la tiranía. Y al final de la primera parte de esta saga llega la temida tiranía.

De manera ingenua, y no olvidemos que estamos en un género de películas casi para adolescentes, la segunda parte de la saga nos lleva a la recuperación de la República y la democracia, pero esto solo puede pasar en la fantasía, o de manera temporal.

El resultado ineluctable luego de una época democrática es una época tiránica, y finalmente el caos.