Made in China y el deterioro de la calidad

Hace unos días fui a un relojero a llevarle un reloj que me había regalado mi madre hace tiempo, y al que se le había caído un pequeño tornillo por un lado. Además, la correa, la cual es de tela, también está echada a perder.

No obstante, como me gusta usar las cosas y darles uso hasta el final, me propuse arreglar ese reloj; al menos el tornillo.

Made in China mala calidad

Este reloj es de una marca conocida de ropa que mi madre me compró como regalo pensando que era bueno, supongo que por el elevado precio, lo cual fue una de  las primeras cosas que me dijo el relojero cuando lo vio.

Me dijo: “Estos relojes, que venden con marcas que no son de relojes clásicos, y día Made in China no tienen muy buena calidad, y encima los venden carísimos”, y añadió: “ni si quiera las marcas clásicas suizas hacen la mayoría de sus relojes en su propio país, como antes. La calidad ha empeorado mucho”.

No es ningún misterio que Occidente ha perdido gran parte de su capacidad industrial en las últimas décadas.

No obstante no es lo mismo en unos países que en otros, pero lo que sí es cierto es que en términos generales dicha capacidad se ha deteriorado mucho. Esto conlleva algún que otro problema, y el caso de la desindustrialización o la pérdida de calidad de los productos no es el único.

Occidente se embarcó en un proyecto de endeudamiento y desindustrialización y ha dejado los países del tercer mundo, y principalmente a China, la función de proveerle de los productos industriales más básicos.

Lo triste es que no contentos con haber cedido su industria básica a China, los occidentales no han cedido en el empeño de endeudarse de manera gigantesca para poder llevar una vida por encima de sus posibilidades durante más de cuarenta años.

Made in China calidad

Ahora, sin industria, y “debiendo más que Alemania” pretenden que todo siga como las últimas décadas; que la situación de consumir más de lo que se produce puede continuar eternamente, y que el aumento masivo del consumismo y de sus estados del bienestar, y burocracias respectivas puede ser mantenido como antes.

Es decir, Occidente se ha endeudado, ha hecho crecer sus estados en más de un cincuenta por ciento y ahora se queja de que hay recortes, cuando los recortes de verdad no han ni siquiera empezado en realidad. Y la solución de las masas occidentales –ello se va viendo en los resultados electorales de los diversos países poco a poco- es optar poco a poco por partidos de corte más socialista, tanto de izquierdas como de derechas, pensando que así van a tener el nivel de vida que tuvieron hace no mucho. Se equivocan, y lo mejor de todo es que no se darán cuenta, ni siquiera cuando estén en el mismo abismo, nadando en el fango más absoluto.

El asunto de la pérdida de calidad de los productos también es algo que se palpa en el ambiente.

A mí mismo me ha pasado que comprando artículos de lo más elementales “Made in China” me han salido bastante defectuosos, cosa que, según mis padres y todo aquel que tenga memoria de cómo funcionaban las cosas en la vieja España, no solía ocurrir con tanta facilidad.

Quizá los mayores estén equivocados, y no sea así.

Que cada uno saque su conclusión.

No obstante hay que decir, que esa disminución de la calidad viene aparejada a una disminución del precio en muchos de los productos, que de hacerse aquí, aún siendo de más calidad serían el doble o el triple de caros.

Calidad productos Made in China

Pero el problema principal según mi opinión no radica en si los productos son de menor o mayor calidad, más o menos caros, o si en China están explotando a no sé qué gente para competir deslealmente. Se puede comerciar con otro país exportando bienes de alto valor añadido e importando bienes más básicos.

La cuestión es que esto no debería ser nunca a base de un déficit “eterno” como ha llevado a cabo Occidente; siendo lo lógico un comercio bilateral más o menos compensado en el tiempo.

El hecho es que no habría problema alguno si Occidente no se hubiera endeudado de manera tan desaforada en todas estas décadas; es decir, si las sociedades occidentales (y Japón) no debieran tanto dinero, o que de hacerlo hubiera dicha deuda fuera para aumentar su capacidad productiva.

China superávit comercial

Si todo el déficit comercial acumulado durante cuarenta años hubiera sido para adquirir esto último, podría tener sentido, pero es que ha sido todo lo contrario. Occidente ha renegado de la producción y abrazado el consumo y la deuda de manos de sus masas democráticas y lo curioso es que esas masas piensan que el tamaño demencial que han alcanzado sus estados del bienestar no tiene nada que ver con el asunto; y resulta que es un tema clave, pues a menos que se reduzcan dichos estados en un 80% no hay posibilidad de que se pueda conseguir un nivel de vida como el de antes en el medio plazo; si es que pensamos que la sociedad europea de las anteriores décadas sea la ideal, que es algo que llevaría a otra discusión.

Pero eso no va a ocurrir, por supuesto; la deriva irá por un incremento del Estado y de una regulación aún mayor. Occidente no escapará a las manos de las tiranías, eso es seguro.

El Estado y el deterioro de la calidad

Pero este asunto de la calidad con el Made in China no es el único concerniente a la calidad de los productos de hoy día.

Es un hecho que sospecha mucha gente, al menos aquí en España, y no creo equivocarme si digo que también en la mayor parte del resto del mundo “civilizado”, que la calidad de una buena parte de los productos está disminuyendo.

Tengo un amigo que trabaja en la hostelería del sector hotelero que me dice que su hotel está reduciendo la calidad de los productos que sirve a sus clientes, y que eso es un problema, aunque parece ser que la mayoría de los clientes no se percatan demasiado de ello.

No sé si será a cambio de estar más lobotomizados con más alcohol y diversiones cibernéticas actuales como estar pegados a la pantalla de sus móviles diez horas al día.

El hecho es que ese hotel, y muchas otras empresas, se están viendo obligadas a recortar de donde pueden, y una de las mejores maneras de “recortar” es mediante la disminución de la calidad de sus productos.

Recortes de costes calidad

Si no puedes subir el precio de tus habitaciones un 15% porque te quedas sin clientes, puedes intentar servir jamón de peor calidad, y rezar para que los clientes no se den cuenta.

El hecho es que muchos sí se dan cuenta, pero se llega a una situación de “es lo que hay”.

La culpa, piensa la mayoría de la gente, es de los tacaños empresarios.

Pero los empresarios, o al menos la mayor parte de ellos, y exclusivamente los dueños de medianas, pequeñas empresas y autónomos, poco pueden hacer frente al masivo aumento de la regulación estatal, de los impuestos y de la dificultad para seguir operando con normalidad.

El empeoramiento de la calidad de los productos es algo que se ve a muchos niveles de la economía, y ello engloba los sectores más delicados de la sociedad como son la alimentación, la vivienda y todos los relacionados con el Estado.

La alimentación lleva décadas siguiendo un proceso de sustitución de la producción local por la producción industrial de manos de las multinacionales.

A dicha sustitución contribuye de manera notable la intromisión de todas las normativas europeas y regulaciones nuevas que han hecho imposible seguir operando a la mayor parte de los pequeños productores.

Esas regulaciones son introducidas con la bondad del Estado, pues todo lo que suene a regulación, calidad, riesgos laborales, medio ambiente, suena bien; y como no, con el beneplácito de las multinacionales, que bien saben que son las únicas que podrán seguir operando en las nuevas condiciones.

Venden su alma al Estado, y este a su vez les vende su culo.

Una simbiosis curiosa sin duda.

Multinacionales calidad

El hecho es que en esas condiciones, las multinacionales han dejado de ser parte de la economía privada, y han pasado a formar parte del capitalismo estatal más pérfido.

Es, cuando menos, triste que buena parte de los economistas liberales y austriacos defienden estas multinacionales por el hecho de ser, supuestamente, productores eficientes de mercado; pero no saben ver más allá de sus narices, y el hecho es que estas multinacionales, desde que basan su existencia en la eliminación de la competencia por su influencia en la legislación estatal, han dejado de realizar una función capitalista, y han pasado a ser parte del monopolio estatal.

Son empresas de propiedad privada de cara a sus accionistas y dueños, pero son apéndices del Estado de cara a la sociedad, y su función pasa a ser la de consumidoras plenas de capital. Y no solo me refiero al capital económico sino a algo más profundo, de lo que hablaré más extensamente en próximas ocasiones. Y esto no es otra cosa que el deterioro dramático en la salud de la población, entre otras cosas, debido al hecho de que las multinacionales, al ser de facto parte del Estado, y por tanto empresas públicas, promueven la producción de productos que a largo plazo son nefastos para la sociedad; un ejemplo de los cientos y miles es el de la continua promoción de las grasas poliinsaturadas.

El fin de la pequeña empresa

Hace poco un amigo mío cuyo padre tenía una gasolinera de toda la vida, no vio otra opción que venderla y además por cuatro duros; y eso que mi amigo está desempleado y sin empleo, después de haber estudiado una de las carreras más duras que ofrece el eficiente (en enviar sujetos al paro) sistema universitario español.

Le pregunté a mi amigo: “¿Por qué vendéis la gasolinera?”, y me respondió:

“la gasolinera ya no da casi beneficios. Son tantas las regulaciones y requisitos que nos han puesto los últimos años que los dolores de cabeza se han multiplicado por diez. Además el margen de precios que negociamos con la multinacional se ha estrechado, y esto ya es un sin vivir. Mi padre no tuvo otra alternativa que venderla a la multinacional”.

He ahí, una de las confesiones que mejor explican lo que está ocurriendo en estas épocas: que no es otra cosa que la completa estatalización y burocratización de la economía, donde solo las multinacionales, y el Estado pueden sobrevivir.

El número de requisitos para los pequeños autónomos es tan grande hoy en día, que la mayoría de los mismos ven su actividad atacada por todos los frentes, y no son pocos los que se ven obligados a realizar actividades “ilegales”, a espaldas del Estado, pues es la única manera de sobrevivir. Son por decirlo así, los últimos autónomos y de Occidente, antes de que el mismo entre en su era de tiranía pura, para la cual no queda mucho.