Derecha, Izquierda y Centro

Y cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre su trono de gloria. Y serán reunidas delante de él todas las naciones; entonces apartará los unos de los otros como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los que estén a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, “heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o te sustentamos?, ¿o sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero y te recogimos?, ¿o desnudo y te cubrimos? ¿O cuándo te enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuando lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Entonces dirá también a los que están a la izquierda: Apartaos de mí, malditos al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles…E irán todos estos al tormento eterno, y los justos a la vida eterna.

San Mateo 25:31-46

 

Rebis

 

Las interpretaciones de los textos sagrados varían dependiendo del punto de vista con que se miren.

Cualquier persona con un pensamiento considerado hoy de “izquierda” –lo cual es la práctica totalidad del mundo- dirá que la interpretación de ese pasaje bíblico quiere decir que todos aquellos que no ayudan al prójimo y que son egoístas irán al infierno, y que para hacer el bien uno debe ser altruista y generoso y así irá al cielo; y no solo eso, sino que comportándose de manera generosa podrá uno hacer el cielo en la tierra.

¿Cómo no puede ser de otra manera? ¿Por qué entonces pone Cristo en este pasaje los justos a la derecha y los malditos a la izquierda?

Vamos a dar aquí una interpretación lógica, que no metafísica, entre las muchas que hay, de este hecho.

La interpretación parte de una lógica inversa según la cual los generosos son los malditos y los egoístas los justos; y vamos a explicar por qué.

El problema de aquellos que defienden la generosidad desde un punto de vista, que podemos llamar de izquierda, es que hacen de esa defensa una filosofía política. Esto es algo así, como el viejo dicho que dice: “El camino al infierno está empedrado con buenas intenciones”. Y así es en realidad, y nunca ha habido tantas buenas intenciones como hay ahora, en este mundo moderno materialista que nos da todas las comodidades habidas y por haber, y que por ello ha creado el caldo preciso para que los buenos propósitos existan en mayor cantidad que nunca.

No podía ser igual hace tres mil años, pues la dureza de la vida no daba pie a tantas “buenas intenciones”; la generosidad tenía que ir más por el camino de las buenas obras, y no tanto por el camino de la generosidad política.

Izquierda Biblia

El problema de las concepciones de “izquierda” (las cuales engloban a no pocas de supuesta derecha, de lo que hablaremos luego) es que presuponen una generosidad política, colectivista, igualitaria, y finalmente tiránica. Esto es así, porque toda su filosofía, al igual que su generosidad, se basa en el domino de la cantidad y de la opresión.

Comparemos pues la generosidad que defiende un igualitario de izquierda con un no igualitario o de derecha.

Para un igualitario la generosidad implica que tiene la obligación moral, además del derecho, de alcanzar la igualdad mediante la generosidad colectiva. Como no todo el mundo es generoso por igual, la solución es que los igualitarios tendrán que imponer por la fuerza (la fuerza de la cantidad) que los no igualitarios sean generosos.

Un igualitario quiere alcanzar el cielo mediante el sometimiento de otros para llevar a cabo su misión.

El no igualitario será generoso solamente en su esfera particular, la que concierne a su persona.

No siente la obligación de forzar a otros a ser generosos. Si ha de dar un pan a un mendigo lo hará de forma personal.

Su destino y su vía al cielo dependerán de si es generoso o no, pero eso no es algo que pertenezca a ningún tribunal humano, sino a su conciencia.

En definitiva, el igualitario puede ser generoso, o no, en su esfera personal, pero esto lo anula cuando en su intento por alcanzar el cielo con buenas intenciones, fuerza mediante una especie de vampirismo energético a otro ser a que sea “generoso” contra su voluntad.

El no igualitario puede ser generoso, o no, en su esfera personal pero nunca intentará subyugar a otro humano para que sea generoso en su nombre. Esa es una de las diferencias cruciales entre la izquierda y la derecha, como las entendemos desde un punto de vista común.

Poco noble es ser generoso cuando a punta de pistola fuerzas a otro que entregue lo que tiene en nombre del bien.

Unidad y uniformidad

La Vía del Cielo prefiere la derecha, la Vía de la Tierra prefiere la izquierda.

Tcheou-li. René Guenon. Entre la escuadra y el compás. La Gran Tríada.

 

Hoy en día hay una confusión bastante grande concerniente a los conceptos de derecha e izquierda en el mundo de la política.

Tal es la confusión que lo que hoy la mayoría denomina derecha vendría a ser la extrema izquierda para cualquier persona del pasado.

En este sentido, y al igual que en la práctica totalidad de los campos de la vida actual, el mundo ha perdido el norte. Aquí también las cosas pueden depender de según el punto de vista con que las miremos.

¿Qué es la derecha y qué es la izquierda?

Desde un punto de vista lógico, y ya subrayado por muchos, la derecha y la izquierda vendrían a ser las visiones políticas que defienden la desigualdad y la igualdad respectivamente.

Si vamos al fondo de la cuestión podríamos deducir que la derecha verdadera es aquella que defiende la sociedad sin propiedad común de los medios, y por tanto basada en la propiedad privada (1).

Por otro lado la verdadera izquierda sería aquella que defendería la propiedad común plena de los medios, o en otras palabras el comunismo extremo; y si nos apuramos el panteísmo total, donde todo, desde la partícula de polvo, hasta la hormiga o el hombre son iguales por la mera pertenencia al Todo; o al Uno (al Demiurgo).

Desde este punto de vista muy pocos estarían en los lados de la izquierda y la derecha extrema.

Lo que sí es una característica de la manifestación de los ciclos cósmicos y humanos es que se produce un continuo desplazamiento desde la unidad primordial hasta la uniformidad y el reino de la “materia”; lo que es lo mismo que decir que la manifestación se desplaza de la derecha a la izquierda o de máxima libertad a máxima igualdad.

Todo esto hasta el momento, en el cual tras la solidificación final, se produzca la disolución o pralaya.

De esta manera, ser de derecha es ir contra el tiempo (hacia el origen), y ser de izquierda es ir con el tiempo (alejándose del origen). N

i que decir, que resulta más fácil nadar con la marea que contra ella; por eso con el camino de la derecha está condenado a “perder” una y otra vez.

Mano derecha Dios

Tal es el designio de la evolución en el mundo manifestado creación del Gran Arquitecto.

Otro punto de vista político de lo que es la izquierda y la derecha, nos lleva a la consecución de otro punto que no es izquierda y derecha, sino más bien centro.

Por ejemplo, es bien conocido que los defensores de las ideologías de izquierda, democráticos, comunistas, progresistas, etcétera, consideran a los defensores del nacionalsocialismo como de extrema derecha. Si esto es así, tendríamos la visión de que el mundo político se divide en dos extremos: uno la extrema izquierda con el comunismo y otro la extrema derecha con el fascismo.

El centro quedaría compuesto por aquellos que no son ni de “izquierda” ni de “derecha”, sino de “centro”. Visto así, los de centro serían aquellos que defienden la apoliteia o lo que es lo mismo: la no política y la renuncia a los ideales igualitarios. Aquí la derecha tendría una connotación extraña, pues no sería una verdadera derecha (2) si la comparamos a una monarquía o a un sistema “anárquico” de propiedad privada; cosa que es fácilmente deducible para cualquiera que no sea socialista desde un punto de vista radical, y es aquí donde se ve la diferencia básica entre el socialismo y el no socialismo o entre la izquierda y la derecha.

Por eso no se puede defender la propiedad privada y al mismo tiempo la democracia igualitarista y esperar que las cosas se mantengan en orden por mucho tiempo.

Finalmente este análisis nos lleva a la equiparación de la propiedad privada con la derecha, la libertad o la unidad y a la propiedad común con la izquierda, igualdad o la uniformidad (que también debería denominarse esclavitud). Y precisamente en virtud de la deriva irremediable de este manvantara humano hacia la “izquierda”, es que nos dirigimos a estadios más avanzados de propiedad común y por tanto de caos; hasta la disolución final.

Y lo más curioso y grosero de todo es que dicha deriva va acompañada de una sugestión incomparable de las masas en la que las mismas creen que el mundo nunca había sido menos igualitario. Y la verdad es que la realidad es la contraria, y que el (supuesto) Capitalismo, no es sino una forma disfrazada de esclavitud igualitaria, en la que las nociones de libertad y propiedad privada carecen de sentido.

 

(1)   Hans Hoppe llega a la conclusión lógica de que la sociedad ideal y única éticamente aceptable es la sociedad de propiedad privada. Y de manera curiosa describe que una sociedad así, sería al contrario que piensan muchos, una sociedad profundamente discriminatoria y que sería lo contrario a lo que hoy en día es la globalización, y sus procesos de intercambio, tanto de bienes como de personas. Sin saberlo Hoppe se aproxima al ideal de autarquía, o como diría De Moyano: el principio del cerco. Hans Hoppe. Democracia: el dios que falló.

(2)  Esto lo vio claramente Évola desde el comienzo de los regímenes nacionalsocialistas europeos con su demos intrínsecamente igualitario.