El Brexit y el absurdo de la democracia

La democracia está demostrando de manera muy clara lo inestable que es como sistema en esta crisis europea que tenemos desde hace años, empezando por el Grexit y la imposibilidad de gobierno en ciertos países como España o el reciente Brexit.

A pesar de la euforia de muchos occidentales sobre el futuro de la democracia, la teoría de los ciclos nos muestra claramente que dicho sistema no dura demasiado, por demasiado entendiendo un par de cientos de años.

Desde luego jamás podrán pensar en una duración similar a la de los sistemas monárquicos de diferentes tipos; sistemas mucho más estables que ninguna democracia.

Brexit democracia

Que a la democracia representativa parlamentaria, tanto aquí como en los Estados Unidos, le queda poco tiempo de vida es algo que pocos sospechan.

El caso de los Estados Unidos, pareciendo más estable tampoco ofrece un panorama muy halagüeño para el futuro. Los problemas son al final parecidos a los de Europa.

Sin embargo, es en Europa, donde podemos ver a cámara lenta como va desapareciendo la democracia poco a poco de manera casi disimulada.

Los intentos de independencia que estamos viendo no son sino una consecuencia desesperada de los últimos momentos de la democracia en Europa.

El Brexit, por ejemplo, no es sino una ilusión.

En realidad no es más que una pantomima para hacer creer a la gente que el Reino Unido es independiente, cuando en realidad, es más dependiente que nunca.

Digamos que el Reino Unido se “separa” de la Unión Europea, para, en un futuro no muy lejano, incorporarse al Gobierno Único Mundial

Y es que en los próximos años, vamos a ver numerosos dramas al estilo inglés, incluso mucho mayores

El carácter antidemocrático de los demócratas

Ese carácter, tan propio de la mayoría de proclamados “demócratas”, sale a la luz de manera constante. En el caso del Brexit lo podemos ver en todo su esplendor, con los perdedores enrabietados pidiendo un segundo referéndum.

¿Y por qué no un tercero? ¿Y un cuarto?

Es más, ¿Por qué no hacer referéndums todos los días, de tal manera que ejerzamos plenamente nuestro derecho democrático?

Así, nadie debería estar descontento.

¿Del Brexit al Brin?

¿Y qué pasa si el partido laborista gana las elecciones generales? ¿Cambiaría el voto del Brexit? ¿Y si luego gana el UKIP? ¿Cambiarán los ingleses de Brexit a Brexin cada dos o cuatro años?

¿No nos damos cuenta de que llegamos a un camino sin “salida”, o al menos sin salida para la democracia parlamentaria?

Es obvio, que si empezamos a hacernos algunas preguntas, podemos entender, aunque a algunos le cueste, lo ridículo del sistema democrático.

¿Dónde está su límite?

Aquí, nuevamente, tenemos los dos puntos de vista irreconciliables: aquellos que adoran la “igualdad” y aquellos que adoran la libertad.

Los adoradores de la falsa igualdad – entiéndase, no la de condiciones – favorecen el sistema democrático total, donde todo el mundo tiene el mismo derecho de voto.

Esto, llevado a su extremo final, significa que debería haber una democracia mundial, con un voto igual para cada ciudadano.

Si vamos más lejos, este razonamiento nos lleva al nihilismo total, donde todos somos parte del “Todo”, y no diferimos mucho de un átomo o un mono, por lo cual, lo lógico es el establecimiento de un sistema comunista mundial, donde todos son iguales a todos y a todo.

Ese, es el camino lógico de la democracia, y donde efectivamente va, no solo desde el punto de vista político sino social y metafísico, el cual es, evidentemente, el más importante.

Los partidarios de la democracia de la libertad, siempre objetarán que una verdadera democracia no puede existir sin el derecho de secesión, tal y como bien explica Hans Hoppe.

No reconocer el derecho de secesión de otro implica que unos obligan a otros a adoptar un sistema, es decir, por la fuerza.

Si yo y otro vecino, le negamos el derecho a separarse y a irse a otro vecino, simplemente porque somos dos y el otro uno, dicho sistema no es diferente de una esclavitud; una esclavitud que tira hacia lo más bajo del terreno infrahumano, como es lógico.

Dicha fuerza gravitatoria, que empuja hacia lo “bajo”, hacia la igualdad extrema de los individuos, hacia la el “número”, o la cantidad, como diría Guenon, no es otra cosa que el camino hacia el “estómago” de EL, o sea, del Demiurgo.

Y claro, ese es un camino, que aunque no lo parezca, es muy jodido, pero más jodido aun, es el final del mismo.